Los mundos son muchos. Las lunas también. Tantas mujeres hay en el mundo, tantas que uno no sabe como empezar, cuál elegir. Las que tienen caras bonitas y hermosos cuerpos, son solo caras bonitas y hermosos cuerpos (y lo importante es lo importante). Y la indecisión es la peor compañera de un romántico como yo, una gangrena incurable que no me deja dormir.
Pero eso ya está pisado, uno lo siente latente en sus recuerdos vagos y momentáneos del ahora, del momento en el que vive uno, pero eso seguro va a pasar y uno estará mejor, eso espera...
Cada mujer es un mundo nuevo, es un río nuevo por recorrer. Donde los manantiales son preciosos y el grial siempre está escondido tras esa catarata de felicidades prestadas. Cada continente de su cuerpo, cada país en sus ojos, cada montaña en sus pechos, cada planicie en su vientre, cada volcán en su boca.
El paso del tiempo es irremediable, lo persiguen las calamidades, esas condenadas y arbitrarias ayudantes damiselas que siempre se encargan de que el señor Tiempo esté cómodo, que no se lastime, cuídenlo chicas: es frágil y único.
¿Y si el tiempo muriera? No podríamos existir, o tal vez algunos sí. Alan me decía hoy a la mañana que él lo quiere todo, la mortalidad y la inmortalidad, no llegar a viejo solo como el tipo que pasó y que él siempre reconoce en el bar que se encuentra cerca de su casa. El paso de los días es inevitable, ni hablar el de los segundos, esos que siempre llegaron tarde y no pudieron ser primeros, esos bastardos que son inmensos cuando no deben serlo, esos inútiles haraganes que pasan corriendo cuando uno tiene alegrías y se quedan a tomar un mate cuando estamos tristes.
“... tu piel y tus huesos se transforman el algo hermoso, tú sabes que por ti me desangraría...”, y cuánta razón tenes che, cúanta. Quisiera yo encontrar a la mujer que realmente se enamore de mí y me pueda enamorar con sus virtudes únicas, sus virtudes irremediables, insoslayables, irreconocibles en otra fémina.
Pero si sigo pensando así me voy a perder toda la vida y no voy a disfrutar el mientras tanto, no voy a vivir el presente (que según Alan no existe, porque todo es pasado) y me voy a angustiar tanto que después que voy a estar encerrado en una especie de pozo ciego sin sogas ni fuerzas para gritar.
Yo tengo confianza en mí, yo sé que puedo llegar muy lejos si deseo proponermelo. Pero siento también que el siemple olor de ese mundo que perdí, ese olor que quizá (solo quizá) me hizo sentir esta chica, despertó nuevamente en mí esas ganas apasionadas de enarmorarme. Y me da mucho miedo todo esto, es un lío bárbaro. Y a mí las cosas suelen salirme mal, no siempre salen así, pero no sería raro que se pudriera todo. Y yo con mi impaciencia viril no me dejo tranquilizar, tengo que aprender a controlar mis sentimientos, mis reacciones. Tal vez deba ser como es Matías (amigo de Alan, de la UBA), que las trata mal y no las llama, que es una mierda con las mujeres, porque realmente ellas quieren eso, no sé si lo necesitan, pero es lo que buscan siempre sin darse cuenta. Y los tontos como yo, digo tontos porque somos buenos y queremos lo mejor para las mujeres que significan algo para nosotros, nos quedamos encallados en la esquina de los amores suicidas, en ese inevitable resquicio del dolor ameno que no existe realmente, que nosotros buscamos tener para escribir hermosos relatos, para ser hábiles en el arte de perder amores y ganar confianzas perdidas. Y estaría bueno que, ya curtido de tanta mugre y tibia peste que me salpican las mujeres jóvenes, alguna vez Ella, esa mujer que difícilmente los hombres encontramos alguna vez, me diese a probar su dulce nectar.
Después de un renglón de espacio pienso que es muy triste esta última parte que escribí, por eso me retracto y establezco que de aquí en adelante no me desesperaré más. La vida es una sola y es una oportunidad única. Hay que vivir lo mejor posible, si es posible con una mujer estaría mejor, pero sino no importa realmente. Las mujeres vienen o no vienen, los amigos se quedan y la familia se queda también (o por lo menos tendría que quedarse). En fin, esto se alargó demasiado y no encuentro razones para seguir escribiendo, así que me despido. Hasta luego.
11.27.2006
10.10.2006
La música
La música se introduce en mis oídos como una lenta larva que se encadena bajo las sabanas de esa princesa imperial que nunca conocí. Se estremece cuando se percata de que yo sé que ella está riéndose de mí. Pero yo sin desmerecer mi cargo de seductor refinado, me acerco a ella y le robo un beso del bolsillo, así como así de fácil que es tener besos pero no corazones. Es cuando ella inadvertida intenta buscar una respuesta entre mis ojos llorosos, y es cuando mis ojos lo único que le dicen es que siga prestándose a las delicias personales de aquel Don Juan perdido y jamás encontrado. Quisiera poder describir a aquella belleza incauta y poco preparada para la muerte apodada Mariela. Quisiera poder decir su nombre verdadero pero me es imposible ya que los recuerdos y las vergüenzas se me mezclan e interfieren con mis pensamientos tanto diurnos como nocturnos. Quisiera que pudiera entender aquella muchacha que jamás conocí que desearía mucho tener rodeada de mis brazos pulpo, entremezclada entre mis frazadas de galgo corredor, interfiriendo en todo lo relacionado a mí y a mi presencia. Pero claro está que ella no entiende lo que escribo, ella tiene una naturaleza mucho mas salvaje de lo que cualquiera podría llegar a entender. Ella es única, es sola. Es como una mujer en tantas miles que desearía realizar algo, y ese deseo lo cumple sin más ni más. Ella en realidad sería como una mujer especial, mi mujer especial idealizada. No existe tal mujer, y en el caso de que existiera, esta sería mía. En serio. Pero no puedo asegurar mucho, la música y los ruidos ajenos vuelven a mis cabellos y los rulos que jamás tuve se agazapan frente a un nuevo salto y empiezan a ladrarme la caspa y las canas que tal vez no tenga hasta los cuarenta años. Es todo tan confuso e ideal que ni yo ni vos pueden comprender nada, ni vos que lees esto ni yo que escribí esto alguna vez escuchando una música extrovertida, inútil e incapaz de expresar lo que mi corazón y mis sentimientos significan frente a alguna persona en especial que nunca existe, que tal vez existió, y que probablemente no exista ni mañana ni pasado. Solo así nos quedaríamos de nuevo con el triste comienzo y el desenlace tan conocido por tantos otros, la soledad inmensa y gigante, jactándose de su poder sobre seres tan simples como lo somos la luna y yo. Pero nuevamente también entra en juego mi esperanzada silueta divina de mujer, la luna inseparable de mis sueños volátiles, la luna que jamás me dejó y que siempre estuvo conmigo tanto física como espiritualmente. Pero también cansándome de escribir peros estoy tratando de concluir este mensaje corto o largo según el lector o lectora, para poder reconocer que puedo escribir sobre cualquier tema variado, sea música, sea fascismo, sea televisión, sean amores perdidos, sea. Entonces es aquí donde me despido agradecido, sabiendo que alguien se tomó la molestia de leerme hasta el final. Con un chau poco estimado no bastaría, pero creo que por ahora es lo único que puedo regalarle a aquel o a aquella que lea esto, tengo también promesas rotas pero esas las dejo para mas adelante. Chau.
(Fue escrito el 28 de Junio de 2005)
(Fue escrito el 28 de Junio de 2005)
Narciso Humilde
9.12.2006
Comienzo de novela (lejana idea)
“Hola como estás” – dijo Mariano, mientras que pasaba el tren en la estación de Flores.Lorena no le entendió nada, por eso ella se acercó rápidamente hacia él para escucharlo bien, y justo en ese instante se produjo un hecho insoslayable en la historia de sus vidas.Se miraron furtivamente, y sin excusas Mariano intentó darle un beso.Todavía no se sabe bien por qué demonios Lorena lo rechazó, lo que si estamos seguros los que reconstruimos esta historia es que, mientras que él se dirigía hacia su casa ya derrotado y sintiéndose fracasado, ella le agarró de la mano y le dio un beso que dudosamente olvidaría jamás…Esto es un comienzo de una historia que estaría bueno que empiece alguna vez…
Narciso Humilde
8.22.2006
En informática II
El invierno sigue pasando, y yo ahora estoy en una clase de Informática II... Mejor dicho, en la primer clase de Informàtica II, porque el profesor ahora está lejos y yo puedo escribir libremente...Tengo que postear esto, seguramente lo haré dentro de un tiempito..Por ahora no tengo mucha mas que contar, solo que la gente se ríe y no me parece que esta materia sea para el chiste. Solo me parece eso.Mejor termino esto.Me voy.Chau.
Narciso Humilde
7.12.2006
A la vida un trago de melancolía
Tanto tiempo sin verte, querida mia. Te extrañaba bastante, no te lo voy a negar, pero todavía sentía en mi garganta ese dulce sabor de tu despedida.
Yo creía que la culpa era mía, pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado, de que vos eras la única que había hecho colapsar todos mis mundos, estrella idiota que sin saberlo derrumbaste toda una vida de sueños e ilusiones de un día no tan gris...
Pero no importa, sin rencores, porque soy un tipo nuevo al que no le importa demasiado que el mundo se vaya por la borda, solo que no me jodan a mí y a los que quiero, obvio.
Yo creo que todo tiene un significado, que vos no estas conmigo porque yo no tendría que estar con vos podría ser una opción bastante favorable para mí, porque me hubieras despedazado más, retorciéndome entre tus deditos de cristal, que tanto castañean cuando estan de fiesta y tanto callan cuando duerme tu insomnio somnoliento. Pérfida idiota, no sabes que sin mi toda la vida se te va a venir encima, porque vos crees que soy yo quien perdió, pero el único que salió ganando fui yo, porque te vas a quedar sola en tu cama, sin que ningún otro aventurero despistado como yo caiga bajo tus hechizos de arpía resentida...
Que graciosa la situación, sí, esta situación, porque yo te escribo para decirte cuanto me duele estar sin vos, pero en realidad me doy cuenta de que no hice nada mejor que no estar con vos, dejarte sola en el departamento los lunes a la tarde para ir a escuchar un tango en Laprida, o simplemente salir para fumarme un cigarrillo adormecedor, que me hace olvidarme de todo, de todo menos del trayecto que voy recorriendo por la verde vereda de la vida, y que en un desliz me puede pisar el camión de la muerte, verdugo camión que no para nunca de buscarme para amasijarme y darme vuelta como a una mosca.
Pero no, te estas yendo de tema.
La cosa es que no importa esto, vos no importas demasiado, sí fuiste importante en un tiempo, pero ya no, ya no endulzas mi mirada con el roce de tus caricias con el aire, ya no sos tan especial, ni siquiera lo sos, sos otra mas en el oscuro telón del teatro de la vida, y que pasaste a ser actriz secundaria en esta tragicomedia de Flores, Caballito, Liniers y Boedo.
Fuiste hermosa en mis sueños Florencia, fuiste durazno en almíbar Natalia, y también vos Mariana, me enredaste entre el empalagoso mundo de tu dulzura incomprensible.
Pero esas mujeres ya quedaron atrás, otros hombres las han poseído antes que yo, y muchos más lo harán, pero solo son una veta del recoveco de mi recuerdo que tanto trato de no olvidarme.
Ahora tengo que preocuparme por lo verdaderamente importante, Constanza, la chica del día aquel que me volvió loco. Pero no loco de loco, loco de sorpresa, ya iba yo caminando lo más meditabundo, creyendo que no existían más ninfas para mí, cuando alzo la vista y veo a esta chica con cara de mujer, discutiendo porque le debían plata y los guachos no le querían pagar. No sé por qué, pero en ese momento sentí que ella era mía, que sin conocerla y viéndola desde esa distancia tan corta, pero tan distante por el simple hecho de no conocernos, era mi hermosa mujer, que a la mañana percibo su perfume en mis sabanas y sin saberlo cada vez me voy haciendo mas experto en el arte de amar.
La conocía sin saberlo, al saludarla con mi naturalidad expresamente calculada para toda persona que me va a conocer, y ella me respondió con un trato no menos bienaventurado. Con un cómo andas, tanto tiempo, te acordas de aquella vez que charlamos, etcétera; Empezamos a conversar y me impactaron sus mejillas, tan sonrosadas, tan especiales, tan hermosas y a la vez tan únicas que me estremecían, me hacían ganas de robarle un beso sin permiso, de acurrucarme en sus labios sin barreras, aunque estuviese por pasar el tren, el tranvía y todo el mundo, no me importaba nada mas que surcar esos labios privados, tan buenos y picantes, con gusto a mate caliente por la tarde, para acompañarla con unas tostadas preparadas en su departamento, sin demora alguna para el deleite personal, y sin apresurarnos nos fuimos metiendo el uno con el otro por sus mundos, y surcamos el mundo de las sabanas, las planicies de los bordes infinitos, las montañas prominentes de los pechos de aquella esbelta figura, y de las caminatas incesantes por los caminos, innumerables veces supimos la verdad, de que no podía ser por mas tiempo, pero nos olvidamos de esa condición, y nunca le dimos bola, por ser solo palabras, por ser solo palabras.
(Escrito el 2/6/04)
Yo creía que la culpa era mía, pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado, de que vos eras la única que había hecho colapsar todos mis mundos, estrella idiota que sin saberlo derrumbaste toda una vida de sueños e ilusiones de un día no tan gris...
Pero no importa, sin rencores, porque soy un tipo nuevo al que no le importa demasiado que el mundo se vaya por la borda, solo que no me jodan a mí y a los que quiero, obvio.
Yo creo que todo tiene un significado, que vos no estas conmigo porque yo no tendría que estar con vos podría ser una opción bastante favorable para mí, porque me hubieras despedazado más, retorciéndome entre tus deditos de cristal, que tanto castañean cuando estan de fiesta y tanto callan cuando duerme tu insomnio somnoliento. Pérfida idiota, no sabes que sin mi toda la vida se te va a venir encima, porque vos crees que soy yo quien perdió, pero el único que salió ganando fui yo, porque te vas a quedar sola en tu cama, sin que ningún otro aventurero despistado como yo caiga bajo tus hechizos de arpía resentida...
Que graciosa la situación, sí, esta situación, porque yo te escribo para decirte cuanto me duele estar sin vos, pero en realidad me doy cuenta de que no hice nada mejor que no estar con vos, dejarte sola en el departamento los lunes a la tarde para ir a escuchar un tango en Laprida, o simplemente salir para fumarme un cigarrillo adormecedor, que me hace olvidarme de todo, de todo menos del trayecto que voy recorriendo por la verde vereda de la vida, y que en un desliz me puede pisar el camión de la muerte, verdugo camión que no para nunca de buscarme para amasijarme y darme vuelta como a una mosca.
Pero no, te estas yendo de tema.
La cosa es que no importa esto, vos no importas demasiado, sí fuiste importante en un tiempo, pero ya no, ya no endulzas mi mirada con el roce de tus caricias con el aire, ya no sos tan especial, ni siquiera lo sos, sos otra mas en el oscuro telón del teatro de la vida, y que pasaste a ser actriz secundaria en esta tragicomedia de Flores, Caballito, Liniers y Boedo.
Fuiste hermosa en mis sueños Florencia, fuiste durazno en almíbar Natalia, y también vos Mariana, me enredaste entre el empalagoso mundo de tu dulzura incomprensible.
Pero esas mujeres ya quedaron atrás, otros hombres las han poseído antes que yo, y muchos más lo harán, pero solo son una veta del recoveco de mi recuerdo que tanto trato de no olvidarme.
Ahora tengo que preocuparme por lo verdaderamente importante, Constanza, la chica del día aquel que me volvió loco. Pero no loco de loco, loco de sorpresa, ya iba yo caminando lo más meditabundo, creyendo que no existían más ninfas para mí, cuando alzo la vista y veo a esta chica con cara de mujer, discutiendo porque le debían plata y los guachos no le querían pagar. No sé por qué, pero en ese momento sentí que ella era mía, que sin conocerla y viéndola desde esa distancia tan corta, pero tan distante por el simple hecho de no conocernos, era mi hermosa mujer, que a la mañana percibo su perfume en mis sabanas y sin saberlo cada vez me voy haciendo mas experto en el arte de amar.
La conocía sin saberlo, al saludarla con mi naturalidad expresamente calculada para toda persona que me va a conocer, y ella me respondió con un trato no menos bienaventurado. Con un cómo andas, tanto tiempo, te acordas de aquella vez que charlamos, etcétera; Empezamos a conversar y me impactaron sus mejillas, tan sonrosadas, tan especiales, tan hermosas y a la vez tan únicas que me estremecían, me hacían ganas de robarle un beso sin permiso, de acurrucarme en sus labios sin barreras, aunque estuviese por pasar el tren, el tranvía y todo el mundo, no me importaba nada mas que surcar esos labios privados, tan buenos y picantes, con gusto a mate caliente por la tarde, para acompañarla con unas tostadas preparadas en su departamento, sin demora alguna para el deleite personal, y sin apresurarnos nos fuimos metiendo el uno con el otro por sus mundos, y surcamos el mundo de las sabanas, las planicies de los bordes infinitos, las montañas prominentes de los pechos de aquella esbelta figura, y de las caminatas incesantes por los caminos, innumerables veces supimos la verdad, de que no podía ser por mas tiempo, pero nos olvidamos de esa condición, y nunca le dimos bola, por ser solo palabras, por ser solo palabras.
(Escrito el 2/6/04)
Narciso Humilde
6.27.2006
Una despedida inevitable
¿Qué decir? ¿Qué hacer? Si solamente es el invierno que se impone de manera incesante, por las calles de Buenos Aires. Supongo que las hojas que hoy caen (porque están cayendo, sí señor) mañana serán un mero desperdicio del ayer, una simple figurita que alguna vez representó toda esa felicidad que significaba para las personas la llamada primavera. Aquella prima que hoy parece tan lejana, cuando el tiempo se nos pone inestable y nos imposibilita ser felices. Y no lo digo desde mi más profundo resentimiento hacia el paso del tiempo, sino desde mi incrédula y no tan ficticia opinión, porque este tiempo lluvioso y con días grises pueden ser fatales para personas desdichadas y desafortunadas.
Realmente son un bajón, para no dar muchas vueltas ni escatimar con palabras de un lenguaje avanzado que todavía (quizá) no poseo. Surge escribir cuando la cosa se pone insoportable, cuando el grito que nace en mi esófago pero que jamás culmina en mi garganta quiere ser vomitado, quiere ser exprimido, expresado, excelente en una hoja.
Pero siguiendo con esta época del año... el otoño... ese eterno amigo que no es eterno, ya que se queda unos simples cuatro meses y después se va hacia otro lugar, para dejar más hojas secas por doquier y enfermar a las mentes alegres con su malestar divino, pero con esto no quiero significar que el otoño sea malo para todos, no señores. Lo que quiero decir, si me permiten y no me agreden, es que en esta época me siento interesantemente raro, pero no interesante de manera que yo me vea interesante, sino que lo puedo percibir con mis sentidos. Sé bien que no es fácil entender lo que escribo, si lo fuera estaría escribiendo ta te ti, solo haciendo cruces y círculos, en vez de escribir sobre lo que siento, pienso, acciono y desacciono - palabra de una inventiva poco peculiar en mí.
Entonces estábamos en que se nos viene el invierno, de narices frías y bufandas prestadas, donde los amores que uno podría llegar a encontrar en ese momento valdrían el doble (o tal vez el triple, teniendo en cuenta la desesperación acumulada en nuestro ser), y las despedidas se harían más amargas que de costumbre.
No es fácil (repito la palabra, sepan entender) intentar, no lo es. Y cuando me refiero a esto, me refiero a tirarse a esa pileta que ya no contiene agua en forma líquida, sino que ya es un témpano de hielo, ya un lugar donde poder patinar, ya un lugar para romperse la cabeza de una, ya un lugar que uno sabe que no puede ganar.
Pero, sin dudarlo, ese inestable ser que sería yo (digo inestable por no decir inefable, soberbio y narciso) haría vueltas sobre unos patines que jamás supe usar, y que seguramente caería de una manera adusta, por mi poco conocimiento en el arte del patinaje. El único punto análogo que podría encontrar sería el del frío que haría en el lugar, porque sería ampliamente comparable con la frialdad que tienen algunas mujeres para conmigo.
No lo digo desde un lugar de escritor herido y sufrido, sino desde el lugar de un escritor que quisiera (y cómo) poder llegar a comprender un poco la mecánica sistemática que poseen esos seres, a veces viles, a veces no, que son las mujeres.
Esos seres incomprensibles que saben conseguir lo que quieren, estén provistas o no de una belleza inasible, puesto que aun siendo la representación de una costilla nuestra (y qué mínima que parece, parece insensato) son y pueden serlo por siempre (and for all the eternity) las dueñas de nuestras más ansiadas esperanzas.
Ya me fui, yo sé que sí, pero no puedo seguir sin aclarar que no sufrí lo suficiente como para dejar de escribir sobre ellas así...
Cuando lo haga, estos escritos solo serán pasado (materialmente lo serán, pero no me refiero a eso) y yo pensaré que todas las mujeres nacieron con el propósito de chupar nuestra envidiable sangre (porque sí que lo es, viril e incomparable sangre), y socavar todos nuestros hermosos sueños de juventud, transformados finalmente en miserias de un futuro no lejano pero sí distópico, en el cual seríamos sus simples títeres de marfil, sus simples muñequitos de repisa, que guardan con tanto afecto pero que si logran encontrar a otro más bello, nos tirarían a la basura sin dudarlo.
Realmente son un bajón, para no dar muchas vueltas ni escatimar con palabras de un lenguaje avanzado que todavía (quizá) no poseo. Surge escribir cuando la cosa se pone insoportable, cuando el grito que nace en mi esófago pero que jamás culmina en mi garganta quiere ser vomitado, quiere ser exprimido, expresado, excelente en una hoja.
Pero siguiendo con esta época del año... el otoño... ese eterno amigo que no es eterno, ya que se queda unos simples cuatro meses y después se va hacia otro lugar, para dejar más hojas secas por doquier y enfermar a las mentes alegres con su malestar divino, pero con esto no quiero significar que el otoño sea malo para todos, no señores. Lo que quiero decir, si me permiten y no me agreden, es que en esta época me siento interesantemente raro, pero no interesante de manera que yo me vea interesante, sino que lo puedo percibir con mis sentidos. Sé bien que no es fácil entender lo que escribo, si lo fuera estaría escribiendo ta te ti, solo haciendo cruces y círculos, en vez de escribir sobre lo que siento, pienso, acciono y desacciono - palabra de una inventiva poco peculiar en mí.
Entonces estábamos en que se nos viene el invierno, de narices frías y bufandas prestadas, donde los amores que uno podría llegar a encontrar en ese momento valdrían el doble (o tal vez el triple, teniendo en cuenta la desesperación acumulada en nuestro ser), y las despedidas se harían más amargas que de costumbre.
No es fácil (repito la palabra, sepan entender) intentar, no lo es. Y cuando me refiero a esto, me refiero a tirarse a esa pileta que ya no contiene agua en forma líquida, sino que ya es un témpano de hielo, ya un lugar donde poder patinar, ya un lugar para romperse la cabeza de una, ya un lugar que uno sabe que no puede ganar.
Pero, sin dudarlo, ese inestable ser que sería yo (digo inestable por no decir inefable, soberbio y narciso) haría vueltas sobre unos patines que jamás supe usar, y que seguramente caería de una manera adusta, por mi poco conocimiento en el arte del patinaje. El único punto análogo que podría encontrar sería el del frío que haría en el lugar, porque sería ampliamente comparable con la frialdad que tienen algunas mujeres para conmigo.
No lo digo desde un lugar de escritor herido y sufrido, sino desde el lugar de un escritor que quisiera (y cómo) poder llegar a comprender un poco la mecánica sistemática que poseen esos seres, a veces viles, a veces no, que son las mujeres.
Esos seres incomprensibles que saben conseguir lo que quieren, estén provistas o no de una belleza inasible, puesto que aun siendo la representación de una costilla nuestra (y qué mínima que parece, parece insensato) son y pueden serlo por siempre (and for all the eternity) las dueñas de nuestras más ansiadas esperanzas.
Ya me fui, yo sé que sí, pero no puedo seguir sin aclarar que no sufrí lo suficiente como para dejar de escribir sobre ellas así...
Cuando lo haga, estos escritos solo serán pasado (materialmente lo serán, pero no me refiero a eso) y yo pensaré que todas las mujeres nacieron con el propósito de chupar nuestra envidiable sangre (porque sí que lo es, viril e incomparable sangre), y socavar todos nuestros hermosos sueños de juventud, transformados finalmente en miserias de un futuro no lejano pero sí distópico, en el cual seríamos sus simples títeres de marfil, sus simples muñequitos de repisa, que guardan con tanto afecto pero que si logran encontrar a otro más bello, nos tirarían a la basura sin dudarlo.
Narciso Humilde
5.29.2006
Desvarío en Redaccion
Silencio.
Nadie dijo nada.
Y a mí no me interesó en lo mas mínimo.
Presté atención a los ruidos mas leves que me rodeaban.
Al parecer, los yuyos eran lugareños del lugar donde me encontraba, porque sus malezas no paraban de crujir y mi cabeza no dejaba de pensar qué pasaría si me atreviese a dar cinco pasos más.
Y cuando los di, desperté finalmente de ese sueño perpetuo, del cual siempre terminaba mal y con ganas de saber qué pasaría en aquel zaguán.
Nadie dijo nada.
Y a mí no me interesó en lo mas mínimo.
Presté atención a los ruidos mas leves que me rodeaban.
Al parecer, los yuyos eran lugareños del lugar donde me encontraba, porque sus malezas no paraban de crujir y mi cabeza no dejaba de pensar qué pasaría si me atreviese a dar cinco pasos más.
Y cuando los di, desperté finalmente de ese sueño perpetuo, del cual siempre terminaba mal y con ganas de saber qué pasaría en aquel zaguán.
Narciso Humilde
5.14.2006
Espérame en el cielo tristeza
Podría definir ese sentimiento como tristeza, pero se escapa entre mis dedos y no la puedo encontrar, la turra se escondió atrás de la taza de café. Cuesta a veces ver lo que uno tiene enfrente de los ojos, porque uno siempre se hace la cabeza y termina desdoblado como una hoja pisada y vieja. Después de terminar el café, leo un poco el diario en la parte de deportes porque siempre me atrajo el tenis, y el diario Clarín generalmente le dedica sus buenas páginas a ese tema tan particular. Me levanto de mi silla y veo a mi soledad esperándome en el altar, la veo sonriente y sin apuros, la veo morderme los labios cada vez que quiero intentar llamar por teléfono a una posible conquista que difícilmente podría conquistar...
Narciso Humilde
5.10.2006
Carta a un señor no muy estimado pero si apreciado:
¿Cómo anda? Tanto tiempo pasó desde la última vez que nos vimos que ya no recuerdo su voz. Quisiera que supiera usted que no es muy grato para un hombre como yo, para un padre como yo, que un hombre como usted se haya llevado a mi hija con el descaro con el que lo hizo. Sepa entender usted que no puedo permitir mas calumnias contra mi persona, ya que todo el pueblo habla de mi hija como una prostituta, que anda con el primero que se le aparece en la casa y se va de farra con él, sepa entender usted que mi imagen en la sociedad (suciedad) es importante para mí. Aunque tampoco le pido que me la devuelva, porque esa mujercita me traía muchos problemas, siempre plata de acá, plata de allá, porqué no me compras esto, o aquello, lo único que sabía hacer era gastar mi billetera. Así que la verdad, esta carta mas que un insulto hacia usted, más que un reclamo de un padre que extraña a su hija, es la de un hombre hacia otro hombre que está agradecido, porque en realidad poco importa mi imagen en esta podrida sociedad, porque ahora sí puedo ser feliz, no tengo ataduras. Está bien que me dolió mucho la falta de mi difunta esposa, pero de eso ya pasaron 7 años, y me siento con fuerzas doblegadas, con fuerzas renovadas, ya no tengo ningún apuro. Puedo hacer mi vida sin tener que rendirle cuentas a nadie. La verdad, usted fue mi salvador, porque todavía no se dio cuenta pero la divina de mi hija no tiene muchos modales que digamos. Porque yo sé como empezó todo esto, sé que usted la vio una vez en el balcón de mi casa que se encuentra en la esquina de Valentín Alsina, donde las aves encuentran reposo en los mejores árboles de Buenos Aires, y donde también, usted, Arquímedes Lafinestra se enamoró de mi hija, la modesta y esbelta Celestina Cáseres.
No tengo más que gratificaciones hacia usted, me disculpo si en el comienzo de esta modesta carta lo insulté o acaso me reí de su futura suerte que realmente, no tiene futuro. Sepa entender mi escepticismo, el hecho de liberarme al fin de esa pesada, de esa hija que nunca quise tener, porque me habrá traído buenos momentos, pero todo lo demás fueron problemas.
El primer novio y la primera cita, el permiso de dejarla salir a la noche con su noviecito por ahí, para poder tener un suspiro al fin y tener toda la noche para dedicarme a los placeres de la cama.
No vale la pena mencionar todo lo que hacia el escritor de esta modesta carta en la cama, pero solo puedo agregar que era “devastador”. Por eso, todas las noches que pasaba eso, mi hija volvía a cualquier hora.
Después pasaron unos años, fallece mi esposa y ambos caemos en una depresión innombrable, pero ella sabía muy bien como consolarse con los novios que tenía por ahí.
Sí, tengo que afirmar que usted está enamorado de mi hija, una prostituta de barrio, pero no quisiera alarmarlo tan rápido, no quisiera que se desaliente tan rápido. Puede ser que ella guste de usted mucho, pero seguramente nunca lo va a amar, ella nunca amó a nadie, y no sé si ella misma se quiere.
En este momento se debe estar preguntando qué clase de padre soy, que tira tan abajo a su hija. Yo le digo la verdad: soy de la clase de padres que no se guardan nada, que son honestos y que cuando termine esta carta me voy a ir con Carmen para la bodega, para ver si ya están añejos los vinitos para la noche.
Porque usted no se enteró, pero después que se fue usted con ella (por algo será que no hice ningún ademán en ningún momento de ir a buscarla, y no sé si eso le alarmó o no, poco importa ahora) vendí la casa y me fui con Carmen, que por cierto es una vieja amiga de mi difunta esposa, para Mendoza espero que no se haya alarmado usted por la demora de mi carta, vio como es esto del mail y del internet y todas esas parafernalias. Las vías epistolares hoy día están en mucho desuso, pero espero que esta carta de agradecimiento hacia usted llegue a debido término. Sin dar más vueltas, le deseo lo mejor en un futuro que no tiene muchas luces, con la pérfida de mi hija y que sea muy feliz en la desdichada cuna de la desolación y la desesperanza. Sin más, se despide de usted
No tengo más que gratificaciones hacia usted, me disculpo si en el comienzo de esta modesta carta lo insulté o acaso me reí de su futura suerte que realmente, no tiene futuro. Sepa entender mi escepticismo, el hecho de liberarme al fin de esa pesada, de esa hija que nunca quise tener, porque me habrá traído buenos momentos, pero todo lo demás fueron problemas.
El primer novio y la primera cita, el permiso de dejarla salir a la noche con su noviecito por ahí, para poder tener un suspiro al fin y tener toda la noche para dedicarme a los placeres de la cama.
No vale la pena mencionar todo lo que hacia el escritor de esta modesta carta en la cama, pero solo puedo agregar que era “devastador”. Por eso, todas las noches que pasaba eso, mi hija volvía a cualquier hora.
Después pasaron unos años, fallece mi esposa y ambos caemos en una depresión innombrable, pero ella sabía muy bien como consolarse con los novios que tenía por ahí.
Sí, tengo que afirmar que usted está enamorado de mi hija, una prostituta de barrio, pero no quisiera alarmarlo tan rápido, no quisiera que se desaliente tan rápido. Puede ser que ella guste de usted mucho, pero seguramente nunca lo va a amar, ella nunca amó a nadie, y no sé si ella misma se quiere.
En este momento se debe estar preguntando qué clase de padre soy, que tira tan abajo a su hija. Yo le digo la verdad: soy de la clase de padres que no se guardan nada, que son honestos y que cuando termine esta carta me voy a ir con Carmen para la bodega, para ver si ya están añejos los vinitos para la noche.
Porque usted no se enteró, pero después que se fue usted con ella (por algo será que no hice ningún ademán en ningún momento de ir a buscarla, y no sé si eso le alarmó o no, poco importa ahora) vendí la casa y me fui con Carmen, que por cierto es una vieja amiga de mi difunta esposa, para Mendoza espero que no se haya alarmado usted por la demora de mi carta, vio como es esto del mail y del internet y todas esas parafernalias. Las vías epistolares hoy día están en mucho desuso, pero espero que esta carta de agradecimiento hacia usted llegue a debido término. Sin dar más vueltas, le deseo lo mejor en un futuro que no tiene muchas luces, con la pérfida de mi hija y que sea muy feliz en la desdichada cuna de la desolación y la desesperanza. Sin más, se despide de usted
Ernesto Cáseres
Narciso Humilde
5.08.2006
Algo no nuevo
Las preguntas astutas que acuden en el momento equivocado, son solo resquicios y amebas de historias viejas. Los tiempos pasados, las tardes amenas, los infelices de siempre, el borracho de la esquina, tu voz que me nombraba una o dos veces, un llanto, lápices que caían. Yo no quería que me miraras más, habíamos perdido todo lo que había, estabamos rotos para volver a intentar. La calle que parecía vacía, los gritos que parecían grillos y tu nombre me daba vueltas en cabeza, sentía un dolor gigante y me costaba mucho tener que llevarlo sobre mis hombros. Estaba mal, enterrándote y mal, lejos tuyo y mal, muriéndome y mal. Quería que nada terminara, que nada de lo que había pasado fuera tan cruel, tan verosímil, tan real.
Y volví a casa, dejé todo lo que traía encima y lo tiré sobre el colchón de siempre, donde tantas noches nos revolcamos y sentimos lo que era tenerse el uno al otro, el no necesitar de nada más para poder subsistir. Y los problemas que llaman a la puerta cada vez que uno está planchando recuerdos que no quiere arrugar, que no se desmenucen por doquier en tu sillón. Pero como sea, estoy solo de nuevo y la memoria de algún tiempo con vos se me está apagando cada vez más. Todo se vuelve neblina, charco difuso y mal parido, imbécil de los dientes bien peinados, mamarracho de ayer...
No hay otra que mirar por el balcón, aspirar el humo ficticio que corrió por mis pulmones desde los trece, y escuchar un blues de cuarta para poder terminar el día con un whisky y una cama pegajosa, iracunda y gastada. Al día siguiente preparo un churrasco y la ensaladera está llena de tu recuerdo, todo lo que toco se vuelve un viejo momento hermoso con vos. Y por eso quisiera prender fuego la casa, pero después pienso que no tengo donde vivir sino, así que desisto. Me propongo dormir, y no paro de pensar en la noche que me echaste. Una noche como cualquiera, sin ver la tormenta que se venía y que me iba a empapar todo con su desganada mala leche. No quisiera tener que pasar cada noche así, cada sueño pensando en el momento en el que me dijiste “estoy confundida, no sé bien qué me pasa”. Palabras indefinidas y poco honestas de una mujer desdeñosa que no paro de querer, recordar y amar. Perro arrugado y sin dientes nuevos, voy a escupir otro día y guiñearle un ojo al sol para que este dispare su mejor sonrisa radiante sobre mi camino. Caminando y supurando la herida tremenda que tengo en mi interior, que cargo con mucha responsabilidad y dolor, caigo en la cuenta de que el hecho de contar esta historia hacia los demás no va a cambiar nada. Pero siento más leve el peso que llevaba, y siempre voy a saber que los corazones rotos son para los imbéciles.
El que lo dijo seguro tiene razón...
(Originalmente escrito el 18 de Diciembre de 2005)
Y volví a casa, dejé todo lo que traía encima y lo tiré sobre el colchón de siempre, donde tantas noches nos revolcamos y sentimos lo que era tenerse el uno al otro, el no necesitar de nada más para poder subsistir. Y los problemas que llaman a la puerta cada vez que uno está planchando recuerdos que no quiere arrugar, que no se desmenucen por doquier en tu sillón. Pero como sea, estoy solo de nuevo y la memoria de algún tiempo con vos se me está apagando cada vez más. Todo se vuelve neblina, charco difuso y mal parido, imbécil de los dientes bien peinados, mamarracho de ayer...
No hay otra que mirar por el balcón, aspirar el humo ficticio que corrió por mis pulmones desde los trece, y escuchar un blues de cuarta para poder terminar el día con un whisky y una cama pegajosa, iracunda y gastada. Al día siguiente preparo un churrasco y la ensaladera está llena de tu recuerdo, todo lo que toco se vuelve un viejo momento hermoso con vos. Y por eso quisiera prender fuego la casa, pero después pienso que no tengo donde vivir sino, así que desisto. Me propongo dormir, y no paro de pensar en la noche que me echaste. Una noche como cualquiera, sin ver la tormenta que se venía y que me iba a empapar todo con su desganada mala leche. No quisiera tener que pasar cada noche así, cada sueño pensando en el momento en el que me dijiste “estoy confundida, no sé bien qué me pasa”. Palabras indefinidas y poco honestas de una mujer desdeñosa que no paro de querer, recordar y amar. Perro arrugado y sin dientes nuevos, voy a escupir otro día y guiñearle un ojo al sol para que este dispare su mejor sonrisa radiante sobre mi camino. Caminando y supurando la herida tremenda que tengo en mi interior, que cargo con mucha responsabilidad y dolor, caigo en la cuenta de que el hecho de contar esta historia hacia los demás no va a cambiar nada. Pero siento más leve el peso que llevaba, y siempre voy a saber que los corazones rotos son para los imbéciles.
El que lo dijo seguro tiene razón...
(Originalmente escrito el 18 de Diciembre de 2005)
Narciso Humilde
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