11.27.2006

Mundos y mujeres

Los mundos son muchos. Las lunas también. Tantas mujeres hay en el mundo, tantas que uno no sabe como empezar, cuál elegir. Las que tienen caras bonitas y hermosos cuerpos, son solo caras bonitas y hermosos cuerpos (y lo importante es lo importante). Y la indecisión es la peor compañera de un romántico como yo, una gangrena incurable que no me deja dormir.
Pero eso ya está pisado, uno lo siente latente en sus recuerdos vagos y momentáneos del ahora, del momento en el que vive uno, pero eso seguro va a pasar y uno estará mejor, eso espera...
Cada mujer es un mundo nuevo, es un río nuevo por recorrer. Donde los manantiales son preciosos y el grial siempre está escondido tras esa catarata de felicidades prestadas. Cada continente de su cuerpo, cada país en sus ojos, cada montaña en sus pechos, cada planicie en su vientre, cada volcán en su boca.
El paso del tiempo es irremediable, lo persiguen las calamidades, esas condenadas y arbitrarias ayudantes damiselas que siempre se encargan de que el señor Tiempo esté cómodo, que no se lastime, cuídenlo chicas: es frágil y único.
¿Y si el tiempo muriera? No podríamos existir, o tal vez algunos sí. Alan me decía hoy a la mañana que él lo quiere todo, la mortalidad y la inmortalidad, no llegar a viejo solo como el tipo que pasó y que él siempre reconoce en el bar que se encuentra cerca de su casa. El paso de los días es inevitable, ni hablar el de los segundos, esos que siempre llegaron tarde y no pudieron ser primeros, esos bastardos que son inmensos cuando no deben serlo, esos inútiles haraganes que pasan corriendo cuando uno tiene alegrías y se quedan a tomar un mate cuando estamos tristes.
“... tu piel y tus huesos se transforman el algo hermoso, tú sabes que por ti me desangraría...”, y cuánta razón tenes che, cúanta. Quisiera yo encontrar a la mujer que realmente se enamore de mí y me pueda enamorar con sus virtudes únicas, sus virtudes irremediables, insoslayables, irreconocibles en otra fémina.
Pero si sigo pensando así me voy a perder toda la vida y no voy a disfrutar el mientras tanto, no voy a vivir el presente (que según Alan no existe, porque todo es pasado) y me voy a angustiar tanto que después que voy a estar encerrado en una especie de pozo ciego sin sogas ni fuerzas para gritar.
Yo tengo confianza en mí, yo sé que puedo llegar muy lejos si deseo proponermelo. Pero siento también que el siemple olor de ese mundo que perdí, ese olor que quizá (solo quizá) me hizo sentir esta chica, despertó nuevamente en mí esas ganas apasionadas de enarmorarme. Y me da mucho miedo todo esto, es un lío bárbaro. Y a mí las cosas suelen salirme mal, no siempre salen así, pero no sería raro que se pudriera todo. Y yo con mi impaciencia viril no me dejo tranquilizar, tengo que aprender a controlar mis sentimientos, mis reacciones. Tal vez deba ser como es Matías (amigo de Alan, de la UBA), que las trata mal y no las llama, que es una mierda con las mujeres, porque realmente ellas quieren eso, no sé si lo necesitan, pero es lo que buscan siempre sin darse cuenta. Y los tontos como yo, digo tontos porque somos buenos y queremos lo mejor para las mujeres que significan algo para nosotros, nos quedamos encallados en la esquina de los amores suicidas, en ese inevitable resquicio del dolor ameno que no existe realmente, que nosotros buscamos tener para escribir hermosos relatos, para ser hábiles en el arte de perder amores y ganar confianzas perdidas. Y estaría bueno que, ya curtido de tanta mugre y tibia peste que me salpican las mujeres jóvenes, alguna vez Ella, esa mujer que difícilmente los hombres encontramos alguna vez, me diese a probar su dulce nectar.

Después de un renglón de espacio pienso que es muy triste esta última parte que escribí, por eso me retracto y establezco que de aquí en adelante no me desesperaré más. La vida es una sola y es una oportunidad única. Hay que vivir lo mejor posible, si es posible con una mujer estaría mejor, pero sino no importa realmente. Las mujeres vienen o no vienen, los amigos se quedan y la familia se queda también (o por lo menos tendría que quedarse). En fin, esto se alargó demasiado y no encuentro razones para seguir escribiendo, así que me despido. Hasta luego.