La música se introduce en mis oídos como una lenta larva que se encadena bajo las sabanas de esa princesa imperial que nunca conocí. Se estremece cuando se percata de que yo sé que ella está riéndose de mí. Pero yo sin desmerecer mi cargo de seductor refinado, me acerco a ella y le robo un beso del bolsillo, así como así de fácil que es tener besos pero no corazones. Es cuando ella inadvertida intenta buscar una respuesta entre mis ojos llorosos, y es cuando mis ojos lo único que le dicen es que siga prestándose a las delicias personales de aquel Don Juan perdido y jamás encontrado. Quisiera poder describir a aquella belleza incauta y poco preparada para la muerte apodada Mariela. Quisiera poder decir su nombre verdadero pero me es imposible ya que los recuerdos y las vergüenzas se me mezclan e interfieren con mis pensamientos tanto diurnos como nocturnos. Quisiera que pudiera entender aquella muchacha que jamás conocí que desearía mucho tener rodeada de mis brazos pulpo, entremezclada entre mis frazadas de galgo corredor, interfiriendo en todo lo relacionado a mí y a mi presencia. Pero claro está que ella no entiende lo que escribo, ella tiene una naturaleza mucho mas salvaje de lo que cualquiera podría llegar a entender. Ella es única, es sola. Es como una mujer en tantas miles que desearía realizar algo, y ese deseo lo cumple sin más ni más. Ella en realidad sería como una mujer especial, mi mujer especial idealizada. No existe tal mujer, y en el caso de que existiera, esta sería mía. En serio. Pero no puedo asegurar mucho, la música y los ruidos ajenos vuelven a mis cabellos y los rulos que jamás tuve se agazapan frente a un nuevo salto y empiezan a ladrarme la caspa y las canas que tal vez no tenga hasta los cuarenta años. Es todo tan confuso e ideal que ni yo ni vos pueden comprender nada, ni vos que lees esto ni yo que escribí esto alguna vez escuchando una música extrovertida, inútil e incapaz de expresar lo que mi corazón y mis sentimientos significan frente a alguna persona en especial que nunca existe, que tal vez existió, y que probablemente no exista ni mañana ni pasado. Solo así nos quedaríamos de nuevo con el triste comienzo y el desenlace tan conocido por tantos otros, la soledad inmensa y gigante, jactándose de su poder sobre seres tan simples como lo somos la luna y yo. Pero nuevamente también entra en juego mi esperanzada silueta divina de mujer, la luna inseparable de mis sueños volátiles, la luna que jamás me dejó y que siempre estuvo conmigo tanto física como espiritualmente. Pero también cansándome de escribir peros estoy tratando de concluir este mensaje corto o largo según el lector o lectora, para poder reconocer que puedo escribir sobre cualquier tema variado, sea música, sea fascismo, sea televisión, sean amores perdidos, sea. Entonces es aquí donde me despido agradecido, sabiendo que alguien se tomó la molestia de leerme hasta el final. Con un chau poco estimado no bastaría, pero creo que por ahora es lo único que puedo regalarle a aquel o a aquella que lea esto, tengo también promesas rotas pero esas las dejo para mas adelante. Chau.
(Fue escrito el 28 de Junio de 2005)
Narciso Humilde