Yo creía que la culpa era mía, pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado, de que vos eras la única que había hecho colapsar todos mis mundos, estrella idiota que sin saberlo derrumbaste toda una vida de sueños e ilusiones de un día no tan gris...
Pero no importa, sin rencores, porque soy un tipo nuevo al que no le importa demasiado que el mundo se vaya por la borda, solo que no me jodan a mí y a los que quiero, obvio.
Yo creo que todo tiene un significado, que vos no estas conmigo porque yo no tendría que estar con vos podría ser una opción bastante favorable para mí, porque me hubieras despedazado más, retorciéndome entre tus deditos de cristal, que tanto castañean cuando estan de fiesta y tanto callan cuando duerme tu insomnio somnoliento. Pérfida idiota, no sabes que sin mi toda la vida se te va a venir encima, porque vos crees que soy yo quien perdió, pero el único que salió ganando fui yo, porque te vas a quedar sola en tu cama, sin que ningún otro aventurero despistado como yo caiga bajo tus hechizos de arpía resentida...
Que graciosa la situación, sí, esta situación, porque yo te escribo para decirte cuanto me duele estar sin vos, pero en realidad me doy cuenta de que no hice nada mejor que no estar con vos, dejarte sola en el departamento los lunes a la tarde para ir a escuchar un tango en Laprida, o simplemente salir para fumarme un cigarrillo adormecedor, que me hace olvidarme de todo, de todo menos del trayecto que voy recorriendo por la verde vereda de la vida, y que en un desliz me puede pisar el camión de la muerte, verdugo camión que no para nunca de buscarme para amasijarme y darme vuelta como a una mosca.
Pero no, te estas yendo de tema.
La cosa es que no importa esto, vos no importas demasiado, sí fuiste importante en un tiempo, pero ya no, ya no endulzas mi mirada con el roce de tus caricias con el aire, ya no sos tan especial, ni siquiera lo sos, sos otra mas en el oscuro telón del teatro de la vida, y que pasaste a ser actriz secundaria en esta tragicomedia de Flores, Caballito, Liniers y Boedo.
Fuiste hermosa en mis sueños Florencia, fuiste durazno en almíbar Natalia, y también vos Mariana, me enredaste entre el empalagoso mundo de tu dulzura incomprensible.
Pero esas mujeres ya quedaron atrás, otros hombres las han poseído antes que yo, y muchos más lo harán, pero solo son una veta del recoveco de mi recuerdo que tanto trato de no olvidarme.
Ahora tengo que preocuparme por lo verdaderamente importante, Constanza, la chica del día aquel que me volvió loco. Pero no loco de loco, loco de sorpresa, ya iba yo caminando lo más meditabundo, creyendo que no existían más ninfas para mí, cuando alzo la vista y veo a esta chica con cara de mujer, discutiendo porque le debían plata y los guachos no le querían pagar. No sé por qué, pero en ese momento sentí que ella era mía, que sin conocerla y viéndola desde esa distancia tan corta, pero tan distante por el simple hecho de no conocernos, era mi hermosa mujer, que a la mañana percibo su perfume en mis sabanas y sin saberlo cada vez me voy haciendo mas experto en el arte de amar.
La conocía sin saberlo, al saludarla con mi naturalidad expresamente calculada para toda persona que me va a conocer, y ella me respondió con un trato no menos bienaventurado. Con un cómo andas, tanto tiempo, te acordas de aquella vez que charlamos, etcétera; Empezamos a conversar y me impactaron sus mejillas, tan sonrosadas, tan especiales, tan hermosas y a la vez tan únicas que me estremecían, me hacían ganas de robarle un beso sin permiso, de acurrucarme en sus labios sin barreras, aunque estuviese por pasar el tren, el tranvía y todo el mundo, no me importaba nada mas que surcar esos labios privados, tan buenos y picantes, con gusto a mate caliente por la tarde, para acompañarla con unas tostadas preparadas en su departamento, sin demora alguna para el deleite personal, y sin apresurarnos nos fuimos metiendo el uno con el otro por sus mundos, y surcamos el mundo de las sabanas, las planicies de los bordes infinitos, las montañas prominentes de los pechos de aquella esbelta figura, y de las caminatas incesantes por los caminos, innumerables veces supimos la verdad, de que no podía ser por mas tiempo, pero nos olvidamos de esa condición, y nunca le dimos bola, por ser solo palabras, por ser solo palabras.
(Escrito el 2/6/04)
Narciso Humilde
